L A  «O B R A»  D E  U N  T R A D U C T O R

 

Reginald y los impuestos

Hector Hugh Munro, «Saki»

 

Traducción de Juan Manuel Salmerón

 

Título original: «Reginald on tariffs», en Reginald

 

 

 

No voy a ponerme a hablar de impuestos, dijo Reginald, quiero ser original. Aunque sí diré que, en mi opinión, la libre importación nos hace sufrir más de lo que pensamos. Por ejemplo, a mí me gustaría que se impusiera un fortísimo tributo a la pareja que en una partida de cartas declara llevar una mala mano y se queda tan fresco. Ni aun un libre desahogo para la locuacidad contenida compensa. Y también creo que debería haber algún tipo de subvención (¿se dice así?) para exportar a la gente que nos inculca que la vida hay que tomarla en serio. Solo hay dos tipos de personas que no pueden evitar tomar la vida en serio: las colegialas de trece años y los Hohenzollerns;°Dinastía real alemana. estos pueden librarse. Los albanos son cuestión aparte; estos toman la vida como pueden. El único albano con el que he tenido cierta relación verbal era un ejemplar decadente; era cristiano y tenía una tienda, y no creo que matara a nadie. No quise preguntárselo, y eso demuestra mi gran delicadeza. La señora Nicorax dice que delicadeza no tengo; no me ha perdonado lo de los ratones. Te cuento: fui a visitarla unos días y había un ratón que en mitad de la noche se paseaba tan campante por mi habitación, sin acabar de hacer su casita en ninguna de las dichosas trampas que le habían comprado. Así que decidí apelar a su mejor parte, que en el caso de los ratones es la tripa: lo llamé Percy y todas las noches le ponía unas golosinas junto a su agujero... Así me dejó leer tranquilo Degeneración de Max Nordau y otros libros reprobatorios y dormir.°Max Nordau (1849-1923), escritor y líder sionista, cuya obra más conocida, Degeneración, es una crítica moralista al llamado «arte degenerado». Y ahora la señora Nicorax dice que en esa habitación hay una colonia de ratones.
        No es esa la falta de delicadeza. Un día se vino a pasear conmigo a caballo, fue idea suya, y cuando volvíamos a campo traviesa se empeñó en ver si su poni podía saltar una especie de riachuelo de aguas más bien sucias que por allí pasaba. No pudo el animal. Llegaron juntos hasta el borde del agua, y desde ahí siguió ella sola. Naturalmente, tuve que pescarla desde la orilla, y no están hechos mis pantalones de montar para pescar en los ríos... ¡si ya hasta montar con ellos es todo un arte! Su falda era como una de esas cuestiones abiertas que en caso de emergencia no requieren adhesión, y aquella vez se quedó atrás enredada en unas algas. Me pidió que se las rescatara también, pero yo creí que por aquella tarde de octubre ya había hecho bastante de hija del Faraón,°Alusión a la bíblica hija del faraón que salvó a Moisés de las aguas. y además empezaba a apetecerme el té. Conque la cargué en su poni y, queriendo llegar pronto, eché delante a buen paso. Entre lo mojadas que estaban y la inusual responsabilidad que tenían, sus menoscabadas ropas aguantaron bastante mal la marcha, y mi señora se puso muy quejica cuando me volví a gritarle que no llevaba alfileres... ni cuerda. Hay mujeres que esperan demasiado de un amigo. Cuando llegamos al camino que llevaba a la casa quiso ir a los establos por detrás, pero los ponis saben que en la puerta delantera les dan siempre azúcar y yo nunca intento frenar a un poni querencioso. En cuanto a la señora Nicorax, le costaba Dios y ayuda mantener juntas sus secesionistas prendas, las cuales, como comentó luego su criada, eran más un tout que un ensemble. Ni que decir tiene que todos los invitados estaban fuera contemplando el crepúsculo –el único día de aquel mes en que asomaba el sol, como observó mi anfitriona con sarcasmo– y nunca olvidaré la cara que puso el marido cuando nos vio. «Querida, esto es demasiado», fue su primera reacción verbal: viendo el aspecto de su mujer, fue lo más brillante que le había oído decir nunca, y corrí a la biblioteca para estar solo y poder reír a gusto. La señora Nicorax dice que no tengo delicadeza.
        Hablando de impuestos, el chico del ascensor, que lee mucho entre rellano y rellano, afirma que las materias primas no se deben gravar. ¿Qué es exactamente una materia prima? La señora Van Challaby dice que los hombres lo son hasta que se casan; yo creo que cuando topan con ella, se convierten pronto en productos acabados. Desde luego, en abono de su opinión tiene mucha experiencia. Perdió a un marido en un accidente de tren y a otro en un juzgado de divorcios, y el actual se arrojó hace poco a la trituradora de una industria cárnica. «¿Y qué estaba haciendo allí, por cierto?», preguntó ella llorando, y yo le contesté que a lo mejor era infeliz en casa. Lo dije solo por darle conversación... y lo conseguí. Dijo de mí cosas que en momentos de más calma habría dudado en pronunciar. Es una lástima que la gente no pueda hablar del fisco sin ponerse hecha una fiera. Eso sí, al día siguiente me escribió preguntándome si podía comprarle un terrier Yorkshire del tamaño y el color de moda, y esto es lo más que podemos esperar que haga una mujer para reconocer un error. Al perrito le atará en el collar un lazo rosa salmón, le pondrá Reggie e irá con él a todas partes...°Un terrier Yorkshire:

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como la pobre Miriam Klopstock, que se llevaba a su chow-chow al baño y mientras ella se bañaba él jugaba a la osita con su ropa.°Un chow-chow:

Miriam siempre llega tarde al desayuno y nadie la echa de menos hasta mitad de la comida.
        Pero bueno, no hablaré más de impuestos. Lo único que quiero es estar protegido contra las parejas que juegan mal a las cartas.

 

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